Phnom Penh

Motos, coches, un murmullo constante que dice ‘tuk-tuk’ a cada paso. Aceras atestadas de más motos, más coches, puestos callejeros de comida, de fruta, de libros, de bolis…. ‘tuk-tuk’… cuando al fin hay un trozo ancho de calle por el que parece que se va a poder andar, no. Hay que volver a la jungla de la carretera porque una montaña de basura impide el paso. La acera destrozada y una gran terraza con mesas vuelve a impedir el paso… ‘tuk-tuk?’ ‘no gracias, voy andando’ ‘andando???(risas que ahora entiendo). Pero a pesar de los obstáculos, caminamos burlando a todos los insistentes tuktukeros. De la irritación inicial por no poder avanzar sin que te paren constantemente pasas a agradecer que todo el mundo (si, aquí parece ser que todo el mundo es tuktukero) te salude. No está tan mal. El de todos los días que nos espera a la puerta del hostel mirando para arriba para ver cuándo bajamos creo que ya se ha dado por vencido: “walking again?’ dice entre carcajadas.
Y durante esos paseos vemos avenidas gigantes, llenas de vida, donde la vente joven baila, hace aeróbic, canta, juega al fútbol, ríe….. los jardines están súper cuidados, con una limpieza absurda al lado de la suciedad de las calles de al lado. Esa pantalla gigante con anuncios de productos de última tecnología ilumina el puestito callejero que está justo debajo ofreciendo arroz y sopa por mucho menos dinero que los productos que se venden en el supermercado: un lugar de lujo que se codea con boutiques de ropa, concesionarios de cochazos y “french bakeries”…. Los grandes rascacielos están justo detrás de los puestitos donde se ve a una familia entera intentando vender algo de fruta mientras el pequeño corretea desnudo y descalzo por el barro. Desde dentro de un café que bien podría haber estado sacado de Malasaña vemos cómo una señora se sienta delante del escaparate y se pone a darle de mamar a su bebé. No entendemos por qué, cuando otra mujer se sienta al lado con tres niños más a hacer lo mismo. Hasta que no vemos a los pequeños alargar la mano hacia nosotras no acabamos de asumir lo que pasa, aunque fuera bien evidente.
Llega cierta culpabilidad por olvidar aunque fuera durante unos minutos lo que pasa aquí. La tremenda pobreza que hay y que intentan ocultar por todos los medios y la tremenda riqueza que está entrando, no quiero saber de dónde, y que intentan mostrar a bombo y platillo. Viendo a esos alegres y modernos jóvenes en las plazas nadie podría imaginar que apenas 40 años atrás exterminaron casi a un tercio de la población Camboyana, destrozando en todos los sentidos posibles este país. Cómo se recupera una población así en tan poco tiempo? Es eso posible? Qué vivirá por dentro cada una de las personas que nos hemos ido cruzando estos días? Y el monje que nos dio una minicharla  entre susurros sobre la meditación en aquel templo, qué habrá vivido? Me surgen muchos interrogantes sobre esta ciudad, sobre este país. Sobre su gente.
Me da la sensación de que Phnom Penh es una ciudad en construcción por fuera y en reconstrucción por dentro… Habrá que seguir explorando el país, aunque creo que no vamos a poder hacerlo el tiempo suficiente como para responder ni que sea uno de todos esos interrogantes….
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